Raphael Castro — Goiânia, Brasil

Antes irme al Entrenamiento tenía el deseo de servir al Señor pero no había visto que necesitaba ser reparado, ajustado, ser puesto nuevamente en orden, arreglado, restaurado, equipado completamente, es decir, ser perfeccionado. Allí el Señor puso al descubierto mis defectos, errores, fallas, persona, mostrándome que no soy apto a servirlo, que Él es el único adecuado a servir (Is. 42:1). Y lo único que podía hacer fue abrirme a Él y dejar que tocara toda mi persona, a fin de ganarme y forjarse a Sí mismo en mí. Forjando la humanidad adecuada, apropiada, que sostiene la divinidad (Éx. 26:15, 29). Pude ver que el carácter apropiado es con el cual servimos la verdad y la vida a otros.

 

El Señor quiere y necesita de personas, pero adecuadas, que cooperen con Él para la edificación de Su Cuerpo, pero para eso necesariamente se necesita el perfeccionamiento como se aprecia en Efesios 4:12.

 

Después de haber pasado por el Entrenamiento de Tiempo Completo puedo testificar con seguridad que es la elección más gloriosa y acertada que uno puede hacer. Dos años tocando al Señor y siendo tocado por Él día tras día, siendo perfeccionado para tornarse un vaso útil en Sus manos, es una experiencia maravillosa.

 

(Entrenante graduado en diciembre del 2010)

 

 

 
 
 

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